Ayer te escuché cantar
Ayer te escuché cantar. Era muy noche ya y nos preparábamos para dormir . Yo hacía cuentas en silencio de cómo cumplir con todas las pequeñas obligaciones de antes de dejarte en tu cuna, mientras tú ibas de una idea a otra con esa prisa cansada de cuando lo has dado todo en la vida por jugar un rato más. Decías cosas que no entendía. Fragmentos. Restos del día. Como si revisaras, uno por uno, los lugares donde estuviste, preguntándote si habías disfrutado lo suficiente. Tomé tu cara entre mis manos y besé tu frente. Tú no me miraste. Estabas en otra parte. Empecé a cambiarte de ropa por algo más seco, más tibio, y tú volteabas la mirada, repitiendo una palabra o un sonido que no lograba atrapar. Entonces levantaste la mano. Abriste todos los dedos con cuidado, como si también ellos estuvieran cansados, los observaste con una atención absoluta y sin esfuerzo, casi sin intención, dijiste: Papá dedo, papá dedo, ¿dónde estás? Aquí estoy, aquí estoy, ¿cómo te va? ...