Ayer te vi derrotar a un terrible enemigo
Ayer te vi derrotar a un terrible enemigo. Andabas por los pasillos del consultorio con esa alegría innata que te caracteriza. Saltabas entre globos y nubes de colores con ansias de juego. Hasta que el llanto de un niño cambió tu rostro. Me viste a los ojos en busca de respuestas. Sentías que algo iba a suceder. Pero seguiste adelante, como sueles hacer cuando me tomas de la mano y me dices a donde ir. Después de unos minutos llamaron tu nombre. Tomé un poco aire y te cargué en brazos a un cuarto más blanco y estrecho. Cuando la enfermera mostró las vacunas, el miedo te invadió de nuevo. Quizá pensaste que el entusiasmo de papá y las paredes coloridas no eran más que el señuelo de una emboscada diseñada para traicionarte. Dijiste que no. Lo dijiste con tu cuerpo. Quisiste huir, esconderte en mis brazos y yo no pude salvarte. No esta vez que todo lo hacía por tu bien. ...