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Mostrando entradas de junio, 2025

Mañana cumples siete meses

  Mañana cumples siete meses y me vuelvo a encontrar con esta fotografía aún si nunca la he dejado de buscar. Recuerdo que además de la enorme ilusión de al fin tenerte entre nuestros brazos, teníamos miedo de lo que pudiera pasar. De la cirugía, los accidentes, las enfermedades, los males que vienen con la vida y fue un verdadero alivio cuando naciste y naciste bien, en perfecto estado. Tomé esta fotografía y muchas más, tomé el video que un día podrás ver y lo subí a YouTube como suelo hacer con mis videos especiales y con el tiempo volví de vez en cuando a él para revivir el momento. Tengo muchos otros como el tuyo ahí y todos generan pocas vistas y ningún comentario. No los subo con esa intención y por eso no había notado que los dos videos que subí de tu nacimiento sí habían generado una reacción. Intrigado busqué los comentarios y aunque algunos están en idiomas que no conozco, pude leer su contenido con algo de ayuda. No te sorprenderá saber que naciste en México, pues aqu...

Todas las noches

  Todas las noches, cuando la luna se encontraba en lo más alto y las estrellas parpadeaban en el cielo, una hermosa bebita cerraba los ojos para dormir… y caía en las garras de las más oscuras pesadillas. Era demasiado pequeña para explicar lo que veía pero, fuera lo que fuera, sin duda la aterraba, por lo que noche tras noche despertaba inconsolable, con las mejillas empapadas en lágrimas y sus ateridos labios temblando de terror. Mamá y papá conocían bien ese dolor pues su padre, desde que tenía memoria, había vivido con pesadillas cada vez que iba a dormir. Cada vez que cerraba los ojos, la oscuridad lo encontraba y transformaba sus sueños en todos sus miedos y no pocas veces pasaron juntos la noche en vela hasta que se esfumaba el malestar. Por eso ahora sabían la mejor manera de consolar a su pequeña: la tomaban en brazos, la abrazaban con fuerza hasta sentir el latido de su corazón y le cantaban bajito al oído. Luego encendían la tele y ponían sus canciones favoritas —...

La niña que comía de todo... uno a la vez

              Había una vez una hermosa bebita llamada Emma que amaba todo tipo de comida… pero solo una a la vez. Podías darle calabaza, hígado, frijoles, pero si la encontrabas disfrutando de un sabroso mango y te atrevías a darle un trocito de aguacate, inflaba sus mejillas como pez globo, parpadeaba dos veces, y con una puntería perfecta — ¡PTOO! — escupía toda la mezcla hasta el suelo como si se tratara de una pócima malvada o algún menjurje acedo. Mamá y papá aprendieron rápido que no debían de mezclar sabores, así que le daban de comer con paciencia, un sabor a la vez y cuando llegaba el momento de darle el siguiente ingrediente del menú del día, tenían que esperar a que la pequeñita se tragara toda la comida, tomara un poco de agua, y su paladar se “reiniciara” para poder disfrutar de un nuevo bocado. Hasta que un día sucedió algo extraordinario. Papá, ajetreado por el trabajo y algunas responsabilidades extra, pensó en engañar (con l...

Hoy te enseñé una mala palabra

  Hoy te enseñé una mala palabra. Estaba sentado a tu lado cuando frustrado solté un reniego y de inmediato buscaste mis ojos para preguntarme el significado de esa nueva expresión. La repetiste tan claro como le dices “gako” al gato o nos dices “nio” cuando te rehúsas a hacer algo. La dijiste sin dejar de verme, con la curiosidad más pura de tus ojos redondos de cejas levantadas, y yo no supe qué decir. Cambié la charla de inmediato y me puse a recitar tus palabras favoritas: “uno”, “mango”, “coco”, “wau wau”, pero tú no dijiste nada. Luego, sin hacer caso de mis juegos, te volteaste para seguir analizando el control remoto del televisor. Sentí que perdía una oportunidad, que si hubiera dicho cualquier otra cosa, más noble o más dulce, tú y yo habríamos sido cómplices de nuevo, como aquellos forasteros que entre la muchedumbre de pueblo se inventaban un diálogo de preguntas y respuestas planeadas con el afán de vender su nueva pócima para el amor. Cuando más ríes conmigo porque ...

La niña que creció una tercera mano

                 Ayer vi cómo te crecía una tercera mano. Jugábamos a caminar por el cuarto, como solemos hacer si es que te aburres de juegos en la cama, cuando al abrir un cajón de la cómoda de al lado te encontraste con las cosas de mamá. Y ya sabemos cómo nos regaña cuando hacemos travesuras juntos, pero pensamos que nadie se tenía que enterar. Tomaste una tarjeta de crédito y un bloc de Post-its amarillos y, después de cerrar el cajón porque te encanta hacerlo, nos fuimos a dar la vuelta con las manos llenas. Fue cuando volvíamos del fondo del closet que, sobre el sillón donde duerme tu hermana Estrellita, nos encontramos con un llavero de Superman que te encantó. Corriste hacia él sin aviso mientras yo te sujetaba de las ropitas para no dejarte caer, pero al llegar había un problema. En una mano ya llevabas tu tarjeta; esa que tu mamá siempre usa para pagar y que sueñas con usar de la misma manera cuando la imitas y estiras tu mano...

Estuve tentado a detenerte

  Estuve tentado a detenerte. Asomabas tu cabeza al vacío de después de la cama en perfecto equilibrio, con una pierna en el aire, todo tu peso sobre el pecho, una mano tomada de las cobijas y la otra estirada hasta que no daba más. Pendías de un hilo, tratabas de alcanzar algo sobre el buró de junto, una de varias cosas que un día decidimos que puedes tomar cuando nos distraemos tanto que lo alcanzas y lo llevas a tu boca sin peligro. Faltaba poco para llegar y después de un nuevo intento fallido, volteaste tu cabeza hacia mí sin miedo alguno y lanzaste un grito de felicidad. Teníamos más de media hora luchando uno con el otro. Yo con mis excesivas precauciones y miedos y tú en el lado opuesto: ignorante de todo lo que pudiera pasar si acaso calcularas mal o metieras tus dedos en el contacto o el techo nos cayera encima a todos sin avisar… Bien me dijeron que el tiempo pasaba muy rápido. Si apenas ayer le decía a tu madre que era hora de tener un hijo, que le pidiera, no, que le...

Ayer conocieron tus lágrimas

           Ayer conocieron tus lágrimas. De nuevo jugábamos a buscarte detrás de la muselina y cuando te encontré y después de esa hermosa sonrisa tuya, llegó la tristeza. Deseabas seguir con el juego pero con cada intento se te desfiguraba el rostro sin poder evitarlo y después del tercer intento empezaste a llorar.           Sucedió unas cuantas veces antes. Sucede en algunas noches en que seguro sueñas con algo que te asusta tanto que desesperada quieres despertar. Es un llanto distinto que viene de lo más profundo de tu alma y que no sana con solo cumplirte un capricho o una simple necesidad.                Tuve que abrazarte. Tuve que explicarte con mimos que te amo y que el dolor iba a pasar pronto, que puedes confiar en papá.            Entonces fuerzas tu sonrisa por mí. Finges estar bien porque sirvió el apapacho, porqu...

Ayer jugaste conmigo

  Ayer jugaste conmigo. Te tenía a un lado cuando vi que te recostaste sobre el colchón con el dedito de siempre en tu boca. Pensé que tenías sueño, que te preparabas para dormir con esa mirada ausente de cuando estás más cansada. Siempre me pregunté en qué cosas piensan los bebés, en qué podrías estar pensando cuando el brillo de la inteligencia te ilumina la mirada y sonríes contigo misma porque algo que no tengo idea de qué pudiera ser, pasa por tu mente. De esas veces en que estás atenta a algo muy propio y por un momento volteas a verme y sonríes y después de esa pequeña coincidencia que atesoro, volteas la mirada sin reparos y sigues donde te quedaste porque sin duda se trata de algo muy importante. Así nos vimos esta vez. Me regalaste una sonrisa y contenta, metiste tu carita en el colchón. Te tallaste contra las sábanas y sin voltear el rostro por completo, me regalaste otra hermosa mirada colmada de travesura. Entonces empujaste con tus brazos y levantaste la cabeza. Bus...

Hagamos un trato

                 Para mí s iempre existió una manera simple de definir los sexos: Genitales femeninos: mujer, genitales masculinos: hombre. Te llamaré niña si tienes los primeros y niño si tienes los segundos. Si un día resultara que me equivoqué al asumir tu género, espero que no sea problema, no tendría por qué ser un drama. Voy a corregir y te voy a llamar lo que en tu corazón sientas que eres. Lo mismo con la religión, lo mismo con los libros que te lea, lo mismo con las comidas, los dulces, los chistes, las anécdotas, los consejos, las costumbres y demás cosas que por necesidad y por amor se comparten. Te voy a hablar de la vida y de las cosas desde mi perspectiva, pues no tengo otra, pero solo lo haré para darte los fundamentos para que un día tomes tu propio camino y tus propias decisiones. Te voy a criar de una manera específica, no porque imponga mi manera de ser por sobre la tuya, sino porque es todo lo que soy; tu madre te ens...

Before you

  A mi bebé que no ha nacido: Te propongo un trato: Yo te voy a cuidar, te voy a amar, te voy a guiar mientras tenga vida y voy a tratar de siempre estar ahí para ti, incluso en esos días de cuando sientas que ya no te hago falta. Te voy a enseñar todo lo que sé y aprenderé con gusto de todo lo que tú aprendas. Voy a ayudarte a lograr tus sueños y cuando algunos no se cumplan o surja un problema, trataré de entenderlos para juntos encontrarles una solución y si no la hubiera, para llorar por un rato a tu lado en lo que encuentras las fuerzas para volver a empezar. Voy a ser tu padre, el mejor padre que pueda ser, muy similar al abuelo que nunca conociste pero creo que un poco mejor y distinto, gracias a lo que he aprendido con los años. Solo hay una condición: Que trates de entender que eres mi hijo, mi responsabilidad, y que como yo cuando fui niño, no lo sabes todo, no lo entiendes todo, no has forjado aún a esa persona capaz de sobrevivirlo todo sin necesidad de nadie en la qu...

Apenas llegaste

               Me asomo a tu cuna para verte respirar. Espero el momento en que tu pancita se mueva de arriba a abajo y es en el instante en que al fin lo hace que vuelvo a la vida de saber que estás aquí; que sigues aquí conmigo. Supongo que es solo un miedo más, uno de padre, no muy distinto a todos aquellos que siempre tuve desde pequeño; cuando no quedarme solo, no fallar, no sentir dolor era todo lo que importaba, sin pensar mucho en el por qué o la manera de enfrentarlos. Luego me convertí en adulto y aunque creí que todo esto se esfumaba con la edad, había algo en mí que nunca dejó de ser un niño.   Tengo miedo, sí, a veces mucho, pero es distinto. Es una sensación casi placentera de saber que ya no importa lo que pueda pasarme, primero estás tú y después cualquier cosa -por más que duela- que se interponga en nuestro camino, pues ahora sé que la vida no va a detenerme nunca, de ninguna manera; no mientras estés aquí. E...