Ayer conocieron tus lágrimas
Ayer conocieron tus lágrimas. De nuevo
jugábamos a buscarte detrás de la muselina y cuando te encontré y después de esa
hermosa sonrisa tuya, llegó la tristeza. Deseabas seguir con el juego pero con
cada intento se te desfiguraba el rostro sin poder evitarlo y después del
tercer intento empezaste a llorar.
Sucedió
unas cuantas veces antes. Sucede en algunas noches en que seguro sueñas con
algo que te asusta tanto que desesperada quieres despertar. Es un llanto
distinto que viene de lo más profundo de tu alma y que no sana con solo
cumplirte un capricho o una simple necesidad.
Tuve
que abrazarte. Tuve que explicarte con mimos que te amo y que el dolor iba a
pasar pronto, que puedes confiar en papá.
Entonces
fuerzas tu sonrisa por mí. Finges estar bien porque sirvió el apapacho, porque
crees que se lo debes a mi alegría, porque asumes esa responsabilidad; y no sé
si hago bien. No sé si es mejor escucharte y sentirme triste contigo por un
rato hasta que cansada de tu fragilidad entiendes que el dolor se ha esfumado y
sigues aquí con nosotros y beso tu frente y no necesitas apurar las emociones
para estar feliz.
Pero
desprevenido te sonrío de vuelta y en un instante logras que se esfume también
mi miedo. Ese miedo de saber que te quedan un millar de sentimientos por
descubrir a solas, que no pediste, que en ocasiones lastiman, pero que esto sí
te juro, mi amor, son por los que vale la pena volverlo a intentar.
Comentarios
Publicar un comentario