Hagamos un trato

             Para mí siempre existió una manera simple de definir los sexos: Genitales femeninos: mujer, genitales masculinos: hombre. Te llamaré niña si tienes los primeros y niño si tienes los segundos. Si un día resultara que me equivoqué al asumir tu género, espero que no sea problema, no tendría por qué ser un drama. Voy a corregir y te voy a llamar lo que en tu corazón sientas que eres. Lo mismo con la religión, lo mismo con los libros que te lea, lo mismo con las comidas, los dulces, los chistes, las anécdotas, los consejos, las costumbres y demás cosas que por necesidad y por amor se comparten. Te voy a hablar de la vida y de las cosas desde mi perspectiva, pues no tengo otra, pero solo lo haré para darte los fundamentos para que un día tomes tu propio camino y tus propias decisiones. Te voy a criar de una manera específica, no porque imponga mi manera de ser por sobre la tuya, sino porque es todo lo que soy; tu madre te enseñará otras cosas, tus amigos otras, tus maestros, tus ídolos, tus ejemplos de vida también. Algunas enseñanzas las buscarás por tu cuenta y otras estarán ahí solo por el hecho de haber nacido a mi lado, pero te prometo que todo, absolutamente todo lo que yo decida enseñarte, compartirte y llamarte será por lo que creo es por tu bien, para mi época, para mis ideales, para mi entorno y mi experiencia. Sí, mis ideas podrían sentirse arcaicas, anticuadas, tontas, ingenuas y a veces hasta ofensivas cuando las compares con las tuyas, pero eso solo será porque soy producto de una época distinta en la que ser buena persona quizá incluía algunos errores, pero te prometo que voy a tratar de aprender de tus nuevas ideas, aunque quizá me tomen más tiempo que a ti y que incluso algunas nunca las entienda, pero si tú eres feliz y con ellas haces felices a tus semejantes, siempre tendrás todo mi apoyo. Te voy a amar a mí manera, una imperfecta y llena de contradicciones, pero te voy a amar como lo más hermoso que una persona ordinaria como yo pudo traer al mundo.

Ojalá lo entiendas y que al final del día nada de lo que yo haga o deje de hacer te impida ser todo aquello que decidas ser.

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