Ayer te vi derrotar a un terrible enemigo
Ayer te vi derrotar
a un terrible enemigo. Andabas por los pasillos del consultorio con esa alegría
innata que te caracteriza. Saltabas entre globos y nubes de colores con ansias
de juego. Hasta que el llanto de un niño cambió tu rostro.
Me viste a los
ojos en busca de respuestas. Sentías que algo iba a suceder. Pero seguiste
adelante, como sueles hacer cuando me tomas de la mano y me dices a donde ir.
Después de
unos minutos llamaron tu nombre. Tomé un poco aire y te cargué en brazos a un
cuarto más blanco y estrecho.
Cuando la enfermera
mostró las vacunas, el miedo te invadió de nuevo. Quizá pensaste que el
entusiasmo de papá y las paredes coloridas no eran más que el señuelo de una
emboscada diseñada para traicionarte.
Dijiste
que no. Lo dijiste con tu cuerpo. Quisiste huir, esconderte en mis brazos y yo
no pude salvarte. No esta vez que todo lo hacía por tu bien.
Te
lo dije al oído como secreto: Te dije que iba a doler, solo un poco; que ibas a
llorar, pero sería breve, y que después iríamos por un helado.
Me miraste con
miedo, pero me escuchaste. Te pedí calma y me la brindaste.
Sentí que la
aguja atravesaba mi propia piel. Lloraste —y lloró mi alma— mientras te abrazaba
contra mi pecho. Deseando que todo acabara con un beso de mamá.
Cuando
todo acabó aún llorabas. Si acaso porque tu papi te hacía pasar por todo esto.
Te puse de pie
y la enfermera te mostró dos globos. Elegiste el azul con una sonrisa y me lo
mostraste.
-¡Globo! –dijiste.
Y con ese gesto perdonaste mi traición. Ya no
era solo un globo sino el bálsamo con el que sellabas tu pacto de confianza
conmigo.
Salimos
juntos a buscar a tu madre. Te tomó en sus brazos, te besó, pero tú solo
querías mostrarle tu trofeo. Busqué una paleta entre mis cosas y la abrí para
ti.
Sí,
ayer te vi derrotar a un terrible enemigo: al mío. Pues con tu valentía me demostraste que el amor es más fuerte que el dolor y que tu
confianza en mí es mi verdadera fuerza. Porque aunque todavía no inventan una
vacuna que se aplique con un abrazo, ayer aprendí que ese abrazo, cuando viene
de ti, lo puede todo.
Comentarios
Publicar un comentario