Empieza contigo
Solíamos pensar
que lo sabíamos todo, que bastaba con estar, con murmurarnos frases incompletas
en la penumbra, metidos en un cuarto tan pequeño que solo cabíamos tu madre y
yo y esa forma tan propia de entendernos sin testigos.
Éramos tiranía,
éramos anarquía, donde los caprichos asumían el poder y un par de enamorados seguían
a tientas por un camino estrecho de gustos ensimismados y un placer melifluo al
que llamábamos destino.
Y entonces
llegaste tú. No como una interrupción, sino como una revelación. Como si el
amor, aquel que creíamos consumado, retornara a las raíces mismas del lenguaje como
una burda palabra desgastada por la usanza.
Entonces el
centro ya no éramos nosotros y amar significaba soltarnos de la mano para
abrazarte a nuestro pecho como si la vida misma dependiera de ello.
No la mía, la
de tu madre o siquiera la tuya: La vida. Esa que ahora susurra un conjuro que
nadie entiende pero al que todos ceden desde tu cuna rosada.
Parece imposible que haya habido un tiempo en que no estabas. Que el mundo que cabía en nuestras miradas cruzadas, ahora cabe en la forma en que duermes, en esa risa que nos desarma y es extraño, pero es hermoso; porque no viniste a completar lo que faltaba, viniste a desbordarlo todo.
Y es que ahora sé que la
vida no termina con nosotros: empieza contigo.
Comentarios
Publicar un comentario